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Capítulo 20 – Réquiem.

Morí un diecisiete  de agosto durante la madrugada. Fue bueno no haberme dado cuenta ya que sucedió mientras dormía. Al parecer, una úlcera se abrió y la muerte ocurrió sin que la notara, no lo sé. La verdad es que me negué durante décadas a recibir atención médica por el resentimiento que gestó en mí mi interacción con ese médico bien parecido que me llamó idiota por ofrecer uno de mis pulmones para salvar a mi madre, que moría a causa de un cáncer terminal.

Para ser honesto, la verdad es que no hubiera hecho la diferencia. Ni la más excelsa atención médica habría podido evitar mi muerte y –una vez muerto-, la causa era lo que menos importaba.

Supe que había muerto desde el primer instante que vi mi cuerpo inerte, yaciendo sobre mi lecho nocturno, sabiendo que ese cuerpo había sido mío y –no obstante-, reconociendo la consciencia de mi propio yo desde allí, desde arriba, mientras miraba atónito mi cuerpo muerto.

No pude comprender en un principio lo que ocurría. Simplemente me vi allí, tendido, inmóvil; supe que era yo, pero estaba viéndome a mí mismo desde una perspectiva distinta.

Al verme libre de mi envoltura carnal, me percaté de que ninguna de las sensaciones a las que me había acostumbrado durante los últimos años de mi vida me seguía. Me sentía libre… libre como nunca lo había sido, pero desconcertado.

Todo excepto ese cuerpo inerte que yacía debajo de mí era oscuro… profundamente oscuro. Por primera vez desde que adquirí consciencia de mí mismo me supe completamente solo, pero esa soledad no me apesadumbraba. Sólo era el desconcierto de no atinar a explicar lo que ocurría.

No supe cuánto tiempo permanecí allí, principalmente porque el tiempo dejó de tener sentido. Igual podían haber pasado horas que transcurrido días, desde mi actual perspectiva eso… eso ya no importaba.

No hubo una película de mi vida, ni túnel de luz blanca iluminando su fondo, ni otros seres esperándome. No los hubo… al menos mientras duré así.

Sólo ese cuerpo inerte, perfectamente visible en medio de una oscuridad absoluta. Aunque sigo empleando el vocablo “tiempo”, la verdad es que no sé cómo definir ese lapso que duró esta experiencia, tan nueva para mí como desconcertante.

No puedo llamarle tiempo porque desde esta perspectiva pasado, presente y futuro se fundían en el crisol de la eternidad. Llamarle tiempo -más que inexacto-, es absurdo. Carecía de sentido simplemente porque no transcurría; pero me ayuda para describir lo que eventualmente ocurrió.

Esa visión tan nítida de lo que otrora había sido mi cuerpo fue desvaneciéndose en la nada… hasta que dejó de existir.

 

FIN

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  1. Octubre 9th, 2012 at 06:12 | #1

    ¡Que duro leer la palabra fin! Espero nuevas entradas… Saludos!

    • admin
      Octubre 9th, 2012 at 07:50 | #2

      Hola Carmen, espero que te haya gustado mi historia. Si lo deseas, puedes visitar mi sitio http://www.manuelmanrique.com, donde verás un listado de otros blogs que tengo, tres de ellos -hasta ahora-, son cuentos que he escrito -uno de ellos es este que leiste-. En los próximos días comenzaré a subir mi nueva historia “Y vivieron felices… ¿para siempre?”, que habla sobre la ridiculez de los prejuicios y estereotipos con que condicimos nuestras vidas. Espero que la leas.

  1. Octubre 6th, 2012 at 02:47 | #1

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