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Capítulo 10 – I will survive.

Dejar la escuela fue un proceso interesante. No lo había visto así hasta entonces, pero si no lo había hecho antes, simplemente era porque no me había preocupado por crear una aplicación que satisficiera alguna necesidad empresarial.

Ante la continua insistencia de Toño, por fin me puse a desarrollar una aplicación para administrar ventas e inventarios. Es curioso, algunos años atrás, cuando Mario me sugirió esto mismo, yo decidí ignorarle como se ignora a un loco; esta vez, gracias a la perseverancia de Toño y a que ya tenía alguna experiencia en esto debido a mis trabajos anteriores, acepté el desafío y creé mi primera aplicación comercial para un cliente que Toño no podía atender por una sobrecarga de trabajo que tenía.

No es que Toño no tuviera una aplicación parecida. De hecho, la tenía y funcionaba mucho mejor que la mía, pero creo que era su forma de agradecerme que ahora estuviera con Ernestina.

Las cosas comenzaron a fluir para mí a raíz de ese primer cliente. De pronto, tocaban a mi puerta personas que no conocía, que habían llegado hasta mí por referencia. Esto me obligó a añadir más funciones a mi aplicación para satisfacer las necesidades que me expresaban.

Así pude finalmente vender una de mis aplicaciones a una empresa transnacional por primera vez.

Dada la naturaleza de este proyecto, tuve que ir con mucha frecuencia a esta empresa y –en una de mis continuas visitas-, conocí a Imelda.

Imelda era una mujer pequeña de bonitas formas y bastante extrovertida. En la empresa, era conocida por sus continuos líos amorosos. Según se contaba, ella se enredó siendo muy joven con un proveedor de la empresa y tuvo un hijo con él. A raíz de esta situación, pronto circularon los rumores sobre la facilidad con que accedía a nuevas aventuras.

Cada vez que iba a esa empresa, no faltaba alguno de los empleados de esa empresa que me contara cosas sobre ella y siempre había alguien que me hacía bromas relativas a enredarme con ella.

Tengo que decirlo: el escuchar con tanta frecuencia ese tipo de comentarios hacia Imelda, pronto me hizo sentir empatía por ella y comencé a verla de una manera distinta. Comencé a interesarme en ella.

No recuerdo cómo fue que comenzaron las cosas entre nosotros; quizá fue alguna vez que coincidimos en el comedor de la compañía. Lo que si recuerdo es que si ella no me hubiera hablado a mí en primer lugar, yo nunca lo habría intentado.

Con el transcurrir de los días, fuimos haciéndonos amigos y –dados los antecedentes que yo tenía-, me propuse tratarla con respeto. Pronto comenzamos a frecuentarnos fuera de la compañía y fue sólo cuestión de tiempo para que se iniciara el romance.
Esta fue la primera y única vez que una mujer me ha propuesto abiertamente una relación amorosa. Cuando lo hizo, me sentí absolutamente desconcertado. No sabía que responderle, pero yo ya había comenzado a enamorarme de ella.

Me sorprendió por diversas razones; la principal, porque yo crecí en una época en que ese tipo de propuestas las hacíamos los hombres. Además, yo no me consideré nunca lo suficientemente atractivo como para que algo así me ocurriera a mí.

En realidad, pasaron varios días y yo terminé aceptando sólo porque ella continuó insistiendo. Todo ocurrió en un baile que organizaba la empresa y al que fui invitado.

La verdad es que yo no me propuse nunca nada de lo que ocurrió después. Llegué a este baile y me senté con algunas de las personas con las que normalmente trabajaba. De pronto, llegó ella y me dijo al oído que si no pensaba invitarla a bailar. Turbado, me levanté de la mesa y me fui con ella a la pista de baile. Mis compañeros miraban divertidos la escena.

Bailamos durante un rato y mientras lo hacíamos, con toda la desfachatez del mundo me preguntó que si no la iba a besar. Tal vez fueron las copas o ese inminente amor que ya sentía por ella, pero no pude resistirme y la besé.

Después, salimos de ese salón y la llevé a su casa. Para ser sincero yo supuse que iríamos a un hotel, pero ella supo hábilmente controlar mis ímpetus.

Mi problema con ella es que mientras para mí las cosas iban en serio, jamás supe qué sentido habían adquirido las cosas para ella.

A veces, pasaban semanas antes de volverla a ver y de pronto nos encontrábamos y las cosas se ponían muy candentes entre nosotros… sin llegar nunca al sexo. Cuando el sexo estaba a punto de ocurrir, ella siempre encontraba el modo de salirse por la tangente.

Ese estira y afloja que conformaba nuestra extraña relación estaba volviéndome loco.

Me cansé de decirle que mis intenciones con ella eran honestas y ella se cansó de puntualizar que precisamente por eso debíamos hacer las cosas bien.

Mientras tanto, mis compañeros no dejaban de torturarme platicándome las nuevas aventuras de Imelda. Hubo incluso uno de ellos que me contó con detalles sobre las veces que se había acostado con ella.

Esta relación en la que todo era una mentira acabó por fastidiarme y pronto fui yo quien se alejó. Dejé de buscarla por meses hasta que una ocasión supe de primera mano porqué se dice que la venganza es un plato que se sirve frío.

A lo largo de muchos meses sin verla, poco a poco fui perdiendo el interés en ella; sin embargo, el despecho por la manera en que me había tratado fue cocinándose en mi corazón a fuego lento.

Un día, me la encontré y comenzamos a hablar. Le pedí que nos viéramos fuera del trabajo y cuando lo hicimos, fuimos a tomar un café y platicamos durante horas.

Más tarde, la invité a mi casa y ella accedió, suponiendo que me controlaría como tantas veces lo había hecho. No obstante, yo ya había preparado mi venganza y había podido hacerlo porque simplemente ya no me importaba tanto como al principio.

Ya en mi casa, comencé a besarla y a acariciarla. Cuando ella vio que las cosas se estaban poniendo demasiado apasionadas intentó cortar de tajo mis ansias, pero fue entonces que yo comencé a acariciar su vagina.

Al principio se resistió, pero yo insistí, hasta que ella no pudo más y poco a poco fue perdiendo la ropa. En realidad, cuando más atrevidas estaban las cosas, sonó el teléfono y contesté de muy mala gana. Antes de hacerlo, le ordené que se quitara la ropa mientras contestaba. Yo me ocupé de la llamada y para ser sincero, pensé que ella simplemente acabaría de vestirse y se iría, pero cuando volteé estaba completamente desnuda.

Al colgar el teléfono y verla desnuda frente a mí, le ordené que regresara a la cama con una frialdad que todavía hoy me sorprende al recordarla. Ella obedeció sumisa y lo que habíamos interrumpido reinició.

Yo la besaba por todas partes, menos en la boca, aunque ella me lo pidió una y otra vez. Me insistió que le dijera que la amaba mientras la masturbaba, pero con una increíble crueldad yo le decía que no, que no la amaba; una y otra vez le decía que no la amaba, que no fuera ilusa.

No sé por qué, pero eso realmente la encendió. Sin embargo, cuando estaba a punto de concretar el coito –de repente-, adquirí consciencia de lo que estaba haciendo; me sorprendió la frialdad con la que estaba consumando mi venganza; me sorprendí a mí mismo con la monstruosidad que estaba a punto de realizar y en ese momento comprendí el significado del perdón.

Ella, lejos de reclamarme que no la hubiera hecho mía en ese momento, me agradeció que no lo hiciera, pero nunca supo la verdadera razón por la que yo me había detenido.

Yo me sentía confundido. En esos momentos habría podido simplemente consumar mi venganza, tratándola como todo el mundo la había tratado; en su lugar, aprendí que la venganza que buscaba no curaba mi ego herido… pero entendí también algo más.

Comprendí que hacerle daño para hacerle pagar el sufrimiento que ella me había ocasionado no me haría sentir mejor. Entendí que poseerla sin amarla y sin que ella me amara, solo iba a complicarnos las cosas a ambos; pero más que nada, me di cuenta de que sólo olvidando lo que habían sido las cosas entre ella y yo, yo podría finalmente alcanzar la paz que buscaba en mi interior.

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  1. Octubre 3rd, 2012 at 07:19 | #1

    ¡Excelente! Muy cargado de sensualidad sin caer en lo vulgar… Me encantó.

    • admin
      Octubre 3rd, 2012 at 20:46 | #2

      Como siempre, muchísimas gracias Carmen. Si no fuera por tus continuos halagos inmerecidos, creo que habría abandonado este proyecto. Tú me has inyectado ánimos. Sin embargo, insisto, me encantaría conocer de tí una opinión objetiva sobre mi trabajo; una crítica.

      También me gustaría mucho que leyeras algunas otras de mis historias. Acabo de publicar una historia que escribí hace como una década y esta historia si está completa. En unos días más publicaré la segunda parte de esa historia y es esta segunda parte la que me gustaría mucho que leyeras. Estoy interesado en que la leas porque resulta que hace unas semanas volví a leerla y me dí cuenta de que sin querer, había escrito una historia que se apega mucho a una metodología diseñada por dos grandes amigos míos, los doctores en psicología Rosario Chávez y Sergio Michel. La metodología que ellos diseñaron tiene el nombre del Espacio Protegido del Diálogo y consiste en ayudar a las personas a mejorar su comunicación con sus seres amados. Por ejemplo, cuando una pareja tiene problemas, normalmente es proque se comunican utilizando canales inadecuados y una semántica incorrecta. La comunicación es acusatoria, ergo, destructiva. Si -en lugar de ello-, se permitieran suprimir momentáneamente su ego para permitir al otro dejar fluir su sentir a través de sus palabras, habría una mayor oportunidad de que la comprensión ocurriera entre ellos. Mi historia describe exactamente este panorama y por eso es que me interesa tanto que la leas.
      Si deseas hacerlo, dame unos días más para preparar el nuevo blog y subir la historia. Tú la encontrarás en mi sitio http://www.manuelmanrique.com, que aunque muy básico por el momento, contiene una lista de todos mis blogs y desde allí puedes acceder a ellos.
      También, si te interesa conocer más sobre el trabajo de mis amigos, Rosario Chávez y Sergio Michel, puedes visitar su sitio http://espacioprotegidodeldialogo.com -diseñado por mí- y su canal de YouTube http://www.youtube.com/channel/UCByrrs8IsfoK65DbUEeMGBg?feature=watch, donde tendrás oportunidad de conocer su trabajo.

  1. Octubre 3rd, 2012 at 04:26 | #1
  2. Octubre 4th, 2012 at 00:53 | #2

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