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Capítulo 01 – Popurrí.

Un momento de meditación

Escribir para mí es tranquilizador. Si me dejo llevar, mi cerebro me indica paso a paso qué escribir. Ni siquiera yo sé que escribiré a continuación.

La vieja música suena a través de la bocina de la computadora. Es música de hace añiles, pero a mí me gusta. Me hace recordar viejas épocas y posibilidades no concretadas para las cuáles toda oportunidad ha sido permanentemente vedada.

El cuarto se encuentra escasamente iluminado; si acaso por la mortecina luz de un día que fenece, que se filtra a través de la ventana y un televisor encendido, en modalidad de silencio, en el que se exhibe una película reciente a la que no presto absolutamente ninguna atención.

Me encuentro absorto, escribiendo en la computadora, mientras la música sigue corriendo en modo aleatorio gracias al programa que la reproduce.

Hay otras cosas que hacer pero, como ya es tradicional en mí, las postergo. Sé que tarde o temprano me voy a decidir, me levantaré y las haré, pero no ahora.

Es una tarde perezosa o, al menos, yo me siento así. Hace unos cuantos días encontré antiguos escritos míos y los releí con atención un par de veces. Aún parece que alguien más me relataba esas historias.

Recuerdo cuando recién las escribí; era como si alguien ajeno a mí estuviera dictándome los eventos, obligándome a plasmarlos sobre papel, o. . . quizá sea más exacto decir, sobre la pantalla, a través del teclado.

Un buen día decidí entrar a un concurso de literatura. Yo sabía entonces –igual que lo sé ahora-, que no tenía ninguna clase de oportunidad, pero me dije “¡Qué diablos! ¡Sólo se vive una vez!”, así que no tuve que pensarlo mucho.

En realidad no fue diferente a cuando me decidí a pintar mi primer cuadro, ni cuando hice mis primeros experimentos con electrónica, ni a cuando escribí mi primer programa de computadora. Fue el glorioso impulso de querer experimentar lo que me llevó a hacerlo. El querer saber, el desear dejar de ser espectador y convertirme en protagonista.

Algunas de las otras cosas que hice funcionaron. La mayoría no. Pero cuando miro hacia atrás veo hechos, no expectativas. Fueron cosas que hice, bien o mal, no me las contaron, las viví en carne propia.

Quizá, aquellas cosas que hice lo suficientemente bien como para seguir haciéndolas hoy me hayan aburrido y, tal vez, las que intenté sin mucho éxito pude hacerlas mejor con la práctica, si lo hubiera intentado, pero llegó el momento en que me dije a mí mismo “¡Hasta aquí!” y no las hice más.

Hay algunas cosas que extraño, como pintar, porque hacerlas me producía un placentero bienestar, pero hasta hoy no he reunido el suficiente coraje para volverlo a intentar. Quizá sólo es un poco de temor a hacerlas por segunda vez. Nunca he creído en las segundas partes.

Encendí la luz. Como siempre que escribo prosa, sólo me dejo llevar. En realidad no hay una historia planeada. Sé que si existe. Aparecerá por sí sola. No me gusta forzarla.

Después de releer mis viejos trabajos, sentí una repentina necesidad de volver a escribir. Decidí ignorar ese súbito deseo y postergarlo. Quise asegurarme de que no se trataba sólo de la dulce memoria de un pasatiempo casi olvidado. La verdad es que me sentía bloqueado. Durante días, recalenté el deseo e imaginé posibles historias para escribir, imaginé como empezarían, pero no concreté ninguna de ellas.

Hoy, tal vez porque sé que tengo cosas que hacer y mucha pereza para hacerlas, simplemente abrí el procesador de palabras y comencé a escribir.

No sé a dónde me llevará este furtivo instante de inspiración, pero decidí dejarme llevar.

A decir verdad, ahora es diferente en algo. En ocasiones anteriores, tenía una idea clara de lo que la historia debería contar, en términos muy generales. Por ejemplo, cuando escribí “Gene/Sys: La última frontera”, el punto era reflejar lo que sentí cuando fui despedido de un antiguo trabajo que me dolió profundamente dejar. Más tarde, cuando te relaté “Neurón IX: La paradoja de la libertad” sólo quería explicarte mis puntos de vista acerca de cómo podría ser una inteligencia artificial.

Hoy no pretendo compartir contigo algún evento personal, ni ofrecerte mis particulares puntos de vista. Al menos no hasta este momento.

En otras ocasiones -muy pocas, a decir verdad-, he escrito poesía. Reconozco que algunos de mis versos fueron escritos cuando estaba enamorado, pero ya ni siquiera guardo copia de ellos. Simplemente los extravié, así como toda esperanza con ese efímero amor que duró apenas unos cuantos meses. Para mí, sin embargo, fue agonía de algunos años. Para ella. . . jamás tendré una idea razonable de lo que significó para ella.

Un día –o, es posible que sea más exacto decir, una noche-, sin saber porqué, de pronto decidí borrar todo vestigio de ella de mi memoria. Evidentemente no tuve el gran éxito que esperaba, pues aún hablo de ella, aunque la pasión murió. Ya no la añoro. Hoy soy capaz de decir “¡Ella se lo pierde!”.

Pero no deseo en este momento hablar sobre eso. La fosa ha sido cubierta completamente de tierra y he enterrado esa memoria que me acosó implacable durante meses.

Irónicamente, acabé solo, en el más estricto sentido literal que pueda tener esa palabra. Hace unos meses, las hermanas con quienes vivía se fueron y yo decidí quedarme aquí. Quizá sea apego al lugar, pero no quise seguirlas.

Hace muchos años alguien me dijo: “Esta mal que vivas con tus hermanas. Un hombre de tu edad debería buscar su propio camino. Deberías dejarlas y vivir por tu cuenta.” Admito que no le hice mucho caso a ese comentario. Me faltaba vivir un sinfín de alegrías, tristezas y agonías para encontrar mi momento.

No obstante mi soledad, me siento a gusto. Por primera vez en muchísimos años, tantos que prefiero evadir el tema, por fin me siento completamente a gusto con mi soledad.

Bueno. Casi. A veces he sentido la necesidad de la compañía de una pareja, pero al escudriñar mi alrededor encuentro puras bellezas con las que no quisiera pasar más de una noche. Al menos así ha sido desde que terminó de forma abrupta ese amor que me sumió en el desasosiego. . . hasta que la conocí a ella.

Hay una hermosa dama, de mirada que provoca terremotos en mi ser, que devasta el lugar y desmorona mis sentidos. Una sola mirada de ella me derrumba y su voz me fascina hasta el punto de hacerme perder la noción de mi existencia.

Pero tampoco de ella quiero hablar ahora. No es el momento y no sé qué ocurrirá en el futuro. Sólo sé que ahora, mi corazón late con fuerza cada vez que pienso en ella y la sangre fluye a través de mis venas como si fueran las arterias de un volcán que está a punto de estallar.

Es curioso, pero en ella sólo he encontrado coincidencias. El tiempo dirá.

Hoy es un día perezoso, en que todo cuanto había que hacer fuera de casa ha sido completamente realizado. Sólo falta lo que hay que hacer en casa y no encuentro la decisión en mí para empezar.

Escribir para mí es tranquilizador. Si me dejo llevar, mi cerebro me indica paso a paso qué escribir. Ni siquiera yo sé qué escribiré a continuación. Si, lo sé, suena extraño, pero así es.

El suave sonido de la bosa nova extasía mis sentidos justo ahora, cuando te relato como ocurre el proceso en mí. Me habría encantado nacer en Brasil y rodearme de su encanto, sentir mi cuerpo vibrar eternamente ante su música, impulsado por las cuerdas y las percusiones. En ambiente tropical, quizá viviendo a la orilla del mar, de un Atlántico que se extiende más allá del infinito mientras las gaviotas vuelan en busca de su final. Con dulces noches estrelladas y aire limpio y fresco que embota mis sentidos del romanticismo de su música y la sensualidad de sus mujeres.

Quizá es únicamente el efecto de la música en mi ser. Acaba de entrar Queen y el tañer de su rock acelera mi ritmo. No sé qué vendrá a continuación pero seguro modificará mi perspectiva.

Es probable que no lo notaras, pero acabo de explicarte de la mejor manera posible lo que ocurre en mí cuando escribo. Seguro te has dado cuenta de que, sin más, comencé a relatar algo completamente inconexo a lo que decía, pero ese es precisamente el punto.

Cuando escribo ocurre eso. Dejo que mi cerebro me dicte la historia y mi cerebro la crea en función de lo que siente. Por ejemplo ahora, los Bee Gees cantan “Emotions” y siento el dulce ritmo de la melodía ponerme en una fantasía romántica en la que comparto con mi dama lo más profundo de mi sentir. Así, de esa manera dejo fluir esos sentimientos a lo que escribo y te hablo del aspecto bonito que a mi parecer tiene el amor. Ese aspecto de entrega, de armonía, de dulce pasión que se desborda buscando retribución. Pero no una retribución egoísta que obliga, sino la retribución que ocurre cuando el amor es mutuo, algo que difícilmente llega a ocurrir.

El amor suele entrar por los ojos

Mucha gente se enamora de lo que ve, no de lo que siente. Esa es la razón por la que falla tanto el amor.

Mucha gente se enamora de lo que ve, no de lo que siente. Esa es la razón por la que falla tanto el amor. Es increíble cuanta confusión origina una simple palabra. Incluso, se atreven a categorizarla e identifican tipos de amor. ¡Qué absurdo! El amor es sólo uno. Cuando confundimos el deseo con el amor es cuando comienzan todos los problemas, porque en ese mismo instante los sentimientos se condicionan a los intereses y, desde ahí, todo vestigio de lo que pudo ser el más bello sentimiento termina por fenecer.

¡Ay de ti si me haces caso! Soy un hombre que ha experimentado el paraíso en brazos de muchas mujeres y no ha sido capaz de quedarse con una. No es mi intención presumir. Si lo analizas, lo que comparto contigo ni siquiera es digno de ser presumido. ¿De qué sirve haber conocido tantas y tan diferentes caricias sobre mi piel, si mi corazón terminó hecho añicos? Y no sólo una, sino un centenar de veces.

Si. Mi vida es vacía. Es vacía porque no hay alguien a mi lado con quien compartirla. No hay hijos interrumpiendo mi labor y llenando mi corazón de infinito orgullo y alegría. Es vacía porque sé que iré a la cama solo y despertaré igual. Así como sé bien que cuanto haga mañana será una copia al carbón de lo que hice hoy. Una y otra vez.

Pero a estas alturas de mi vida tengo la madurez para preferir que sea así. Contrario a lo que muchos piensan, especialmente las mujeres, estar solo no es tan malo. De hecho, creo que es lo mejor que me podría haber pasado.

Déjame explicarte. En mi vida, he tenido la fortuna de conocer los besos de una bella mujer, de perderme en sus caricias e inundar su ser del manantial de la vida eterna pero si -a pesar de todo-, no estoy con ella ahora, es porque faltó algo. Algo que entonces fue pequeño, casi imperceptible pero que, de haber cedido a la locura del momento y acceder a compartir mi vida con ella, con el paso de los años se hubiera transformado en un enorme abismo, cuya separación nos habría hecho inevitablemente infelices. ¿Quién soy yo para ocasionar tanta desdicha en un ser que no hizo sino regalarme el favor de su cariño?

Casualmente en el mismo instante en que escribo esto empieza a sonar “Você abusou”, una canción que me fascina. Precisamente de eso mismo habla. Sobre alguien que se toma la libertad de disponer del amor de una persona que lo entrega con sinceridad y ella se lo hace ver. ¿Quién soy yo para hacer eso?

En la ventana aparece enmarcado un cielo oscuro, apenas iluminado por un farol callejero. Lo que iba a hacer en casa, según parece, quedó postergado. Quizá más al rato me remuerda la consciencia y decida hacerlo o, tal vez, mañana, ante la inminencia de lo inevitable, me levante a hacer las cosas que dejé pendientes hoy.

Pero no importa. Escribir esto es algo que de todos modos quería hacer. Como ya te he contado, desde hace días sentí esta inquietud. Quizá era el momento indicado.

El humo de mi cigarrillo sube formando extrañas formas mientras oprimo las teclas para relatar lo que vivo. Me siento a gusto y es mi más sincero deseo hacerte sentir así, mientras me lees.

Lo que importa es el mensaje.

Si mi deseo se cumple, tú estarás viviendo ahora lo mismo que yo. Tu cerebro reproducirá calladamente la música que escucho y te imaginarás mis andanzas, viviéndolas espiritualmente, como si hubieras estado conmigo cuando las viví.

Es uno de esos momentos mágicos para mí. La magia se produce como te la voy relatando. Mi cerebro transmite a mis dedos las ideas, para digitalizarlas en un documento del procesador de palabras que –espero-, pronto compartiré contigo a través de mi sitio de Internet.

Si mi deseo se cumple, tú estarás viviendo ahora lo mismo que yo. Tu cerebro reproducirá calladamente la música que escucho y te imaginarás mis andanzas, viviéndolas espiritualmente, como si hubieras estado conmigo cuando las viví.

Por medio de esa mágica conexión que se producirá entre tú y yo cuando abras este documento y leas las palabras contenidas en él, tú y yo seremos uno solo. Te sentirás en medio del ambiente que para mí forma parte de mi memoria y sentirás los sentimientos que te relate como si fueras yo.

En algún momento, cuando te describa un personaje que bien podría existir o, quizá, sea sólo producto de mi imaginación, te sentirás ese personaje y verás las cosas desde su punto de vista y sentirás sus emociones como si fueran tuyas.

Mientras leas, cometerás mentalmente los mismos errores que yo cometí y aprenderás de ellos o los sufrirás, como yo los sufrí. Te excitarás al vivir junto a mí las mismas aventuras de las que ahora me río o me apeno y sentirás en carne propia las mismas sensaciones que yo alguna vez sentí.

Te advierto que mi propósito no es hacer una autobiografía. Sé que la vida de todas las personas merece tener una. ¿Por qué no habría de tenerla la mía? Pero no intento contarte mi vida, sino mis sentimientos y un recurso para hacerlo puede ser mezclar realidad con ficción. Al fin de cuentas, sólo trato de hablar de qué me llevó hasta el punto en el que estoy. La realidad no es tan importante como el mensaje en sí.

Durante estos mágicos momentos en que tú y yo permanezcamos conectados, lo importante siempre será el mensaje, porque te deseo lo mejor de mi experiencia, sobre todo si buscas una respuesta.

Quizá me estás leyendo porque crees que te la puedo dar y decidiste darme la oportunidad.

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  1. VICTORIA
    Agosto 7th, 2012 at 04:00 | #1

    ahora entiendo por que el primer capitulo se llama popurri. un mix de ideas que da forma a el personaje.

    por cierto, anduve buscando un summary de la historia pero no lo encontré. crees que podrías poner uno para que me pueda ubicar cada capitulo dentro de el contesto de el plot?

    te lo agradecería mucho =)

    • admin
      Agosto 7th, 2012 at 22:48 | #2

      Hola Victoria,

      Añadí una sinopsis, aunque no necesariamente un resumen de la historia ni, mucho menos un índice, pero en los próximos días agregaré una página con enlaces a cada capítulo -a manera de tabla de contenidos-. Por lo pronto, creo que en el transcurso de esta noche agregaré uno o varios capítulos nuevos.

      Por favor, toma en cuenta que esta historia no está terminada aún; continuo escribiéndola todavía, principalmente porque -de manera paralela-, estoy escribiendo otras siete historias, algunas más avanzadas que otras. Esta historia en particular la inicié poco antes de otra que se llama “Y fueron felices… ¿para siempre?”, que en un par de semanas más comenzaré a publicar en un nuevo blog.

      Por lo pronto, entre esta noche y el transcurso de mañana, abriré un par de blogs más en los que publicaré -en cada uno-, mis primeras dos novelas, que si están completas.

      Bien, pues solo quería comentarte esto, que supieras que intento satisfacer tu petición y me gustaría mucho recibir retroalimentación de tu parte. ¿Qué te ha parecido mi historia?

      Saludos,

      Manuel Manrique

  2. ReneGV
    Agosto 11th, 2012 at 21:50 | #3

    Me parece excelente tu trabajo.
    Lo estaré siguiendo de cerca, así como los otros que llevas… nada me gustaría mas que ver esto plasmado en un libro ^^

    • admin
      Agosto 11th, 2012 at 21:56 | #4

      Muchísimas gracias

  3. Agosto 22nd, 2012 at 14:35 | #5

    Me encanta lo que acabo de leer, tus palabras me envuelven y me hacen sentir sentada a tu lado mientras escribes y hasta puede sentir el olor de tu cigarrillo. Gracias por compartir libremente tus escritos que ya marcaré como favoritos en mi PC.

    • admin
      Agosto 22nd, 2012 at 17:00 | #6

      Creo que es uno de los comentarios más halagadores que he recibido. Muchísimas gracias.

  4. Patricia
    Junio 13th, 2013 at 15:45 | #7

    Hola!

    Agradezco compartas tus escritos.. y de forma gratuita, realmente te captura desde el comienzo y efectivamente puedes lograr con tus palabras hacernos sentir todos tus sentimientos y sensaciones tal cual.

    Felicitaciones!!!!

  1. Octubre 2nd, 2012 at 01:00 | #1

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