Home > Uncategorized > Capítulo 10. El despido.

Capítulo 10. El despido.

Los meses siguieron su curso. El incidente con las fotos quedó sepultado y Lucas y yo decidimos no hacer nada en respuesta al complot fraguado por Josafath. El embarazo comenzaba a ser notorio y yo me veía sometida a cada vez mayor presión por parte de Josafath. Por ello, siempre procuraba hacer un trabajo impecable. Aún así, el tipo se las arreglaba para poner en la balanza cualquier cosa que hacía. Mi trabajo nunca había sido tan cuestionado como ahora.

Cuando menos lo esperaba, Josafath me forzaba a trabajar más, como si pretendiese ponerme al límite. Afortunadamente, a pesar de la presión, el embarazo continuaba con normalidad. Sin embargo, gracias a los esfuerzos de Josafath por obligarme a rendirme, ya sea aceptando ser su amante o bien, por renunciar, lo que nunca antes había pasado, comenzó a suceder desde el primer instante en que quedé bajo su supervisión: mi trabajo era considerado malo ante la dirección de la empresa y se me había etiquetado como una pésima trabajadora. Yo no soportaba más la situación y estaba decidida a abandonar el trabajo en cuanto comenzara la incapacidad por mi estado.

Un día, el señor Natsukawa me llamó a su privado y, sin más, me explicó que se veía forzado a dejarme ir. De alguna manera, eso me hizo sentir mucho más tranquila.

Lucas, al enterarse, estalló en furia, pero al final convinimos en dejarlo todo así. Después de platicarlo entre nosotros, acordamos que quizá, eso era lo mejor para nosotros. Después de todo, siempre podría encontrar otro empleo y no deseábamos que nuestro bebé se viera afectado por circunstancias que escapaban a nuestro control.

El embarazo llegó a su fin y, un nueve de junio, nacía nuestra hermosa bebé. Lucas se deslindó por un tiempo de sus actividades como consultor en Argus. Quería pasar más tiempo con nosotras. El estaba emocionado de tener por fin la nena que tanto había deseado y no dejaba de agradecerme por habérsela dado.

Una noche, la nena se puso enferma y la llevamos a la clínica, donde nos dijeron que debían mantenerla bajo observación ahí mismo. Pasaron un par de noches en las que ni Lucas ni yo nos separamos de ella. No obstante nuestra preocupación, la bebé comenzó a mostrar mejoría. El médico que la atendía nos llamó para explicarnos la situación y tuvimos que dejarla por unos minutos. Fue entonces que Berta, la enfermera, entró agitada para informarnos que nuestra hija había desaparecido.

Yo sentí que me desvanecía ante la noticia. No podía sostenerme en pie y Lucas se puso como loco reclamando al médico por la falta de seguridad en la clínica. El médico se deshizo en disculpas y todo el lugar se puso en incontenible frenesí.

Esa noche se volvió más larga de lo usual. Yo no dejaba de llorar y Lucas estaba deshecho. La policía se ocupaba de recopilar declaraciones de todo mundo. Le preguntaron a Lucas si teníamos enemigos que pudieran desear cobrarse cuentas con nosotros, si éramos una familia con recursos holgados, si éramos una familia disfuncional y cosas por el estilo.

Lucas recordó las fotos y le informó a la policía sobre el incidente que había ocurrido meses atrás, él y yo declaramos todo cuanto había sucedido en torno a Josafath y la policía sugirió que no intentáramos ninguna clase acción por nuestra cuenta.

La investigación siguió su curso. El personal de la clínica fue investigado pero nadie reportó nada anormal.

Ver tabla de contenido Leer el capítulo anterior Leer el siguiente capítulo

Categories: Uncategorized Tags: