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Capítulo 08. La reconstrucción.

El problema de la propiedad intelectual del software creado por la réplica de mi psique había puesto a prueba nuestro ingenio. Los abogados habían sugerido finalmente que se realizaran modificaciones al software desarrollado por Lucas virtual, con el fin de maquillarlo de alguna forma. En reuniones posteriores decidimos que lo mejor que se podía hacer era ocultar de alguna manera las estructuras de datos y de control pertinentes al núcleo del sistema, lo cual podría hacerse sustituyendo dichas estructuras por llamadas al sistema. Esto, sin embargo, presentaba un serio inconveniente: Si el software se hiciera de dominio público, cualquier desarrollador armado de mucha paciencia y decidido a realizar ingeniería inversa podría, no sólo notar el empleo de llamadas a funciones intrínsecas de Esporadic-OS o Gene/Sys, sino deducir su propósito y su modo de operación.

Tras prolongadas discusiones, optamos por crear un supernúcleo que encapsulara llamadas de alto nivel, desmenuzándolas en las llamadas específicas del núcleo. Esto es, desde cualquiera de las utilerías creadas por mi ego virtual, sólo sería posible encontrar llamadas al supernúcleo solicitando algún tipo de servicio. Una vez que el supernúcleo atendiera a cualquiera de dichas solicitudes, para resolverla, determinaría qué llamadas al núcleo deberían emitirse para ejecutar la petición y haría las llamadas correspondientes.

El supernúcleo se constituiría –entonces- en una doble coraza y proporcionaría una aún mayor protección al sistema. Evidentemente, como con las demás estructuras internas del sistema, el supernúcleo se conformaría como una región protegida, lo cual significa en términos llanos que, aunque algún curioso intentara acceder a él desde el exterior, cualquier intento de ingeniería inversa fallaría, simple y sencillamente porque jamás podría obtener el acceso.

Una vez definida la estrategia de operación pedimos a Lucas virtual su apoyo para llevarla a cabo. Su cooperación en este punto era crucial pues, cualquier modificación al sistema podría ser ejecutada con mucha mayor celeridad y certidumbre si era llevada a cabo por mi ego virtual.

En unos cuantos días, el sistema era seguro de nuevo y las utilerías creadas por mi ego virtual podrían ser finalmente liberadas.

* * *

Tras el encuentro con Josafath, la relación entre Lucy y yo se había fortalecido. Un nuevo ímpetu había surgido entre ambos. Creo que jamás nos habíamos sentido tan cercanos el uno al otro.

La brecha que se había abierto entre los dos hacía meses parecía cicatrizar. En realidad, mi necesidad de descendencia permanecía intacta, pero había aprendido a ponerme en el lugar de Lucy y, aunque seguía siendo difícil de comprender para mí, hacía todo cuanto estaba a mi alcance para entender las necesidades ella.

Esa noche, al llegar a casa, ella aún no estaba ahí. Pero fue sólo cuestión de minutos el tiempo que pasó hasta su llegada. Me saludó con un beso e iniciamos una animada conversación.

Nos contamos todo cuanto nos había pasado ese día y reímos al recordar anécdotas que conocíamos sólo ella y yo. Me contó sobre el cambio radical que se había producido en la conducta de Josafath a raíz de nuestro último encuentro y hasta nos burlamos de él.

Las barreras entre ella y yo habían sucumbido y hablábamos sobre nuestros más profundos sentimientos en apertura total. No sé que me llevó a reabrir el tema de la hija que tanto deseaba tener. Aún con el antecedente, ella se mostró receptiva y comprensiva y me confesó que recién había comenzado a sentir la necesidad de convertirse en madre. Sobra decir que eso me entusiasmó al extremo y animó más el tema en nuestra conversación.

Lucy me dijo que todas sus dudas anteriores tenían su origen en su inseguridad para decidir que tan grande era su amor hacia mí. Aclaró que dicha inseguridad se debía a que las cosas que nos unían nunca habían tenido que soportar una prueba como la que tuvimos que pasar debido a Josafath. Quizá el paso de Josafath por nuestras vidas era el empuje que éstas necesitaban para definir las cosas entre nosotros.

La conversación se prolongó por horas. Ninguno tenía realmente deseos de ir a dormir, a pesar del pesado día que acabábamos de finalizar.

Noches como ésta fueron frecuentes para nosotros y el renacido amor había despertado una nueva ternura en nuestra relación. Jamás antes me había sentido tan unido a ella.

Nuestra intimidad resultó beneficiada también, no tanto por la cantidad como por la calidad de los acercamientos entre los dos. Habíamos aprendido nuevas formas de acariciarnos y descubrimos emociones nuevas que sólo podían ser producto de un amor que carecía de límites en su expresión.

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