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Capitulo 12. Armagedón.

Septiembre 30th, 2012 Leave a comment Go to comments

Era de cerca de media noche cuando el autobús llegaba a la ciudad de la que hacía tan poco tiempo había escapado. Lucy esperaba ya mi llegada. Habíamos acordado que podría ser peligroso que ella fuera buscarme o que yo la buscase a ella, ya fuera en mi casa o en la suya, por ello, decidimos que la encontraría en un antro donde -ocasionalmente-, íbamos a divertirnos. Ella me esperaría ahí.

Cuando llegué, la vi bailando con alguien. Esa había sido una buena idea de ella. Si alguien estuviera vigilándola, seguramente se habría llevado un chasco al no encontrarme ahí, con ella. Si la iba a contactar tenía que ser precavido.

Me dirigí a la barra procurando que ella me viera pasar. Por suerte así fue. Pocos minutos después ella se acercaba a mí y, mientras era atendida, cruzamos unas cuantas palabras tratando siempre de pasar desapercibidos.

Si había un vigilante, seguramente trataría de interceptar cualquier contacto que ella tuviera conmigo. Era ya, de por sí, muy arriesgado el que ella se me acercara en la barra, simulando ordenar, pero ya no había lugar para nada más. Teníamos que tomar el riesgo. Por ello, tratamos de que nuestro intercambio fuera muy breve. Apenas lo suficiente para acordar que nos veríamos más tarde en su departamento, asumiendo –claro está- que si alguien la vigilaba, habría tenido que descuidar, al menos parcialmente, el departamento. Decidimos que me daría un par de horas para llegar ahí, para mantener ocupado al virtual vigilante. Yo me las tendría que arreglar para entrar al edificio sin llamar la atención.

El edificio donde se encontraba su departamento tenía un estacionamiento subterráneo. Yo abordaría un taxi, pidiendo al taxista que entrara al estacionamiento y dándole indicaciones de estacionarse tan cerca como fuera posible de las escaleras de emergencia y los elevadores. Ese punto era crucial. Debía suponer por anticipado que podría haber un guardia apostado vigilando ese punto, pero era lo mejor que podría lograr. Luego, subiría hasta su piso utilizando las escaleras y abriría su puerta con la llave que yo tenía.

Naturalmente, en los pasillos de cada piso existía un sistema de circuito cerrado, afortunadamente, más sencillo de interferir, de una manera similar a como lo hice cuando ingresé a Argus buscando respuestas.

No fue difícil entrar al departamento. Esperaba no haber sido detectado. Todo parecía indicar que no. Ahora sólo debía esperar a Lucy. Ella llegó poco más de una hora después. Al parecer, el tipo con el que bailaba fue lo suficientemente galante como para escoltarla hasta el departamento. Ella lo invitó a pasar y le ofreció una copa. El tipo acepto gustoso creyendo que estaba de suerte, pero Lucy se las arregló para despedirlo tan pronto la hubo bebido.

Cuando nos quedamos solos, yo salí de mi escondite. – ¡Vaya! ¡vaya!, parece que tenemos galán nuevo. Yo ya estaba a punto de dejarlos solos para que se conocieran un poco mejor. – Dije, sarcásticamente. Ella me sonrió. – Parece que eso que exhibes son celos – Me dijo. – ¿Qué! ¡Celos yo! No lo creo. Yo sé bien lo que tengo. – Afirmé. – ¿Estás seguro? – Respondió ella traviesamente. Ambos reímos. – ¡Buena jugada, Lucy! Si existían sospechas sobre mi posible presencia, parece que las has disipado. – Le dije para felicitarla por su excelente manera de manejar a los posibles vigilantes. Ella me miró a los ojos y me beso. Me confesó que estaba preocupada por los días que habían transcurrido sin saber de mí y que, en medio de todas sus preocupaciones, intuía algo de lo que podría estar ocurriendo. Le conté mi odisea y le hablé sobre mis más recientes descubrimientos. Le expliqué como es que se había montado la trampa en mi contra y le hablé sobre mis suspicacias. Juntos, esa noche, examinamos cada posibilidad.

Le expliqué el dilema que había encontrado: que el código del gusano tenía partes en formato Unicode, lo cual indicaba un trabajo hecho desde fuera de Argus pero que, el mismo código empleaba muchas estructuras internas de Esporadic-OS a las que sólo quienes habíamos trabajado en ellas teníamos acceso, lo que señalaba hacia adentro de Argus. Ambos coincidimos que el código en formato Unicode sólo era un disfraz burdamente elaborado.

También tratamos de establecer un motivo, e identificamos a cada uno de aquellos que podían haber creado el gusano. Idelfonso parecía el candidato ideal. Él se mostraba ansioso por quitarme del camino. Si él hubiese sido el autor, su motivo sería ocasionar tantos problemas en el sistema como pudiera, para asegurarse de que yo quedara mal ante la junta directiva y se reconsiderara mi capacidad para estar al frente de tales proyectos, pero su falta de capacidad para desarrollar un trabajo así lo descalificaba casi de inmediato. También consideramos a Raúl, debido a todos los desacuerdos que habíamos tenido él y yo; sin embargo, había ayudado a eliminar el gusano y, dado que asumía actitudes de prima donna, concluimos que él buscaría más el reconocimiento por haber violado la seguridad del sistema, que contener su impetuosa búsqueda de gloria y permanecer en el anonimato con el objetivo nada glamoroso de obtener un beneficio de otra índole con esa acción. Luego hablamos sobre la probabilidad de que Sergio estuviera implicado, pero yo insistí en que él no tenía nada que ver. Sergio era mi amigo, había sido mi compañero durante años y era un tipo tranquilo, sosegado, que vivía el momento sin presionar a la vida más allá de lo que le resultaba necesario. Finalmente llegamos a Braulio, quien había sido iniciador del proyecto Esporadic-OS y quién, según afirmaba, había cocinado ese proyecto por muchos años. Si él hubiera sido, lo habría hecho por tener el control total sobre el sistema, pero él ya tenía dicho control. Sus mismos motivos le eximían. De todos –quizás-, Braulio era el menos interesado en hacerme a un lado. Después de todo, simplemente por seguridad, a él le convenía que yo no abandonara Argus.

Obviamente, también consideramos a otros -como a Carlos-, pero lo descartamos casi de inmediato, ya que él no contaba con los conocimientos técnicos necesarios para diseñar un gusano. No obstante, bien podría él estar en complicidad con alguien más. En todo caso, Idelfonso se encontraría en una situación similar. Otros colaboradores fueron considerados, pero fueron descartados simplemente porque nunca tuvieron acceso al subsistema de seguridad y ese subsistema era imprescindible para hacer funcionar el gusano. En todo caso, los únicos que tuvimos acceso directo a ese subsistema fuimos –únicamente-, Raúl, Sergio y yo.

Las cosas se complicaban y el posible motivo era cada vez más confuso. De por sí, toda esta situación era ya muy paradójica. Bromeando, Lucy sugirió que con todas estas excepciones y posibilidades, ella muy bien podría ser incluida en la lista de sospechosos ya que, aunque carecía de los medios técnicos requeridos y de acceso al Cubo, ella era extranjera y podría estar robando tecnología para llevarla a su país y revenderla allá.

Aunque no era más que una broma, en algo tenía razón. El motivo se hizo más claro a partir de este comentario. El propósito era apropiarse de la tecnología para sacar provecho de ella. Esto excluía a Braulio, ya que él era uno de los dueños de toda esa tecnología. Lo que menos necesitaba él era arrebatársela de sí mismo. Yo insistí que tampoco podía ser el caso de Idelfonso, ya que, según mi apreciación -bastante pobre-, sobre él, él simplemente carecía de la visión para entender la magnitud de toda esa tecnología.

Sergio y Raúl eran buenos candidatos, aunque yo me inclinaba más a sospechar de Raúl, ya que era el de más reciente integración en el equipo pero, como ya indiqué, habían ayudado a erradicar el gusano.

Carlos era un viejo lobo, astuto para los negocios y muy hábil para sacar cuanta ventaja pudiera de cualquier situación. Si alguien podía hacer negocios con la tecnología de Argus, era él, pero necesariamente debía haber estado en complicidad con alguien más.

Ahora bien, había un factor más que considerar: el gusano había sido programado utilizando un formato similar al empleado por los piratas para sacar ventaja de los productos de Argus. Todo indicaba un trabajo interno, pero quien lo hubiera hecho conocía muy bien la manera de trabajar de los crackers y pretendía, a toda costa utilizarlos como disfraz. Quien quiera que hubiera desarrollado el gusano tendría que haber sido cracker o conocer a fondo su manera de trabajar. El inconveniente aquí es que si alguno de nuestros sospechosos calificaba dentro de esta categoría, jamás encontraríamos en los archivos de la empresa un historial acusatorio. Ningún cracker que se preciara de serlo, permitiría nunca que esa información  se conociera. Sin embargo, Raúl, Sergio y yo estuvimos involucrados directamente en el subsistema de seguridad; tuvimos que revisar millones de líneas de código escritas por crackers, para entender su modus operandi y –así-, ser capaces de implementar un sistema a prueba de ellos así que, técnicamente, nosotros tres calificábamos en este rubro.

Después de largas horas de discutir infinidad de posibilidades, Lucy propuso que me pusiera en contacto con Braulio y que le planteara la situación. Ella sugería que debía notificarle a Braulio nuestras conjeturas y pedirle su cooperación para tenderle una trampa al culpable. Yo no me encontraba muy convencido, pero accedí. A la mañana siguiente, ella se puso en contacto con Braulio y luego me comunicó con él. Visiblemente molesto, Braulio aceptó hablar con nosotros. Le explicamos nuestras sospechas y él pidió garantías. Después de todo, yo había huido y él confesó que su confianza en mí había disminuido de manera importante. – No te quedará otra que confiar en mí. – Indiqué y él decidió tomar el riesgo, a condición de que si no conseguía poner en evidencia al verdadero culpable, jamás podría abandonar el edificio de Argus en libertad.

Lo que acordamos es que me darían todas las facilidades para simular un ingreso furtivo al Cubo. Todo iba a estar preparado para pretender que se desconocía de mi presencia. Algunos de los sistemas de seguridad serían desactivados, de manera que se me simplificara el acceso, pero otros sistemas permanecerían funcionando, más que nada, para llamar la atención de quien resultara culpable. Yo me aseguraría de que tenía toda su atención creando una situación muy crítica, de la que sólo pudiera resultar que este individuo quedara por completo en evidencia. Por su parte, Braulio informaría a los posibles implicados que se le había alertado de mi presencia en la ciudad y que esperaba una nueva invasión al Cubo. ¡La suerte estaba echada! ¡Ya no había vuelta atrás!

Esa noche estaba de regreso en el Cubo. Disponía de una hora para indagar en el sistema tanto como pudiera, en un intento por conseguir pruebas delatoras en contra de quien resultara responsable. Transcurrido ese lapso, el sistema activaría un mecanismo de vigilancia que le reportaría a nuestros principales sospechosos sobre mi intrusión. Comencé mi revisión. Decidí revisar primero las bitácoras existentes, enfocando mi atención en aquellos registros cuyas fechas fueran más cercanas a la fecha en que apareció el gusano por primera vez. Aunque la posibilidad de que existiera registro de la implantación del gusano era muy pequeña, seguía siendo una posibilidad y tenía que eliminarla primero. Como presentía, no había registro que delatara la implantación del gusano en el sistema, ni actividad lo suficientemente sospechosa para ser considerada una evidencia. Quienquiera que hubiere plantado el gusano, sabia muy bien lo que estaba haciendo. Enseguida revise el historial con que Argus contaba de los principales sospechosos. Dicho historial bien podría servirme para dilucidar un perfil de cada uno de ellos, aún cuando estuviese alterado para ocultar datos que el autor del gusano quisiera esconder para reducir la probabilidad de ser relacionado con éste. A pesar de que el historial estuviere adulterado, siempre era posible obtener referencias que ligaran lo que Argus conocía sobre cada uno de los sospechosos con otras fuentes que bien podrían aportar datos más reveladores. Pero esto tampoco parecía funcionar.

Mi último recurso era revisar de nueva cuenta la estructura del gusano y tratar de relacionarla con el estilo de cada uno de los implicados. Yo había supervisado el trabajo de Raúl y Sergio y tenía una idea clara de cual era su estilo de programación. Quizás, revisando el código del gusano, sería posible identificar al autor, aunque, si dicha persona no era ninguno de los dos, de nada podría servirme. En esto estaba cuando un evento inesperado captó mi atención: uno de los primeros modelos de red neuronal que diseñamos comenzó a trabajar de pronto. El sistema me reportó la activación del algoritmo y esto captó mi atención, porque consideraba que tal algoritmo debía haber sido desechado hace mucho tiempo.

Con curiosidad, decidí rastrear su ejecución para ver qué ocurría. Para sorpresa mía, el perfil que se había recopilado directamente de mi cerebro -ya que fui el primero en quién se implantó el chip de captura de la psique-, era el que había sido cargado por el algoritmo y éste  había iniciado una simulación con mi perfil. Al principio, pensé que el evento se había desatado porque la supercomputadora había detectado mi presencia y había comenzado a recopilar nuevos datos, pero pronto descarté esta posibilidad. Rastreando la ejecución me di cuenta de que mi yo virtual realizaba tareas que no atinaba a comprender del todo. Definitivamente no estaba recopilando nuevos datos sobre mi psique ya que el modo de captura se encontraba desactivado. Más bien, parecía que mi yo virtual se encontraba desarrollando nuevos programas.

Repentinamente una nueva sospecha se apoderó de mis pensamientos: ¿qué tal si mi yo virtual me estuviera jugando una mala pasada? ¿que tal si, después de todo, mi yo virtual hubiera desarrollado el gusano para desacreditarme? Con terror, comprendí la magnitud de esta posibilidad. Y, ¿si mi yo virtual fuera el culpable de cuanto había pasado? Pero algo no cuadraba. La captura de la psique y el desarrollo de modelos matemáticos de redes neuronales artificiales no habían comenzado sino hasta mucho después de la primera aparición del gusano. Aún si mi yo virtual fuera el autor del gusano, ¿qué interés podría perseguir? Más aún, ¿por qué emplear para la simulación un algoritmo que, según se había demostrado, contenía muchas fallas? ¿por qué no emplear un algoritmo más reciente? Decidí examinar el código del algoritmo para ver que pasaba. Las sorpresas no habían hecho sino empezar.

En ese momento, una voz conocida se escuchó a mi espalda. Toda duda se había disipado. Ahora ya sabía quién me estaba inculpando. – ¿Por qué no lo dejaste como estaba, Lucas? Saliste muy bien librado. ¿Por qué no te largaste a alguna playa remota a gozar del dinero que se te dio a cambio de tu renuncia? – Dijo la voz. – ¿Así que fuiste tú? – Pregunté.

No podría creerlo. A decir verdad, jamás me atreví a suponer que Sergio tuviera algo que ver en todo esto. Digo, él era mi compañero más cercano, ¡mi amigo, por amor de Dios! Pero también una persona muy inteligente. Es fácil confundirse y suponer que él no pedía más a la vida de lo que ésta le ofrecía, que vivía el momento y que no ambicionaba a nada más que tener un futuro seguro y tranquilo. Pero no fue más que eso: una confusión.

Le miré a los ojos. – No pude dejarlo, amigo. Este sistema es mi obra maestra, mi bebé. Aún faltaba algo más de mí en este sistema cuando fui despedido. Si fui despojado, tenía que saber por quién. – Afirmé. – Dime – añadí -, ¿por qué tu? – pregunté. – Y, ¿por qué no? – Respondió. – Después de todo, también yo tengo derecho a obtener beneficios. Muchas horas de mi trabajo, ¡mi trabajo!, están en este sistema. – Dijo. – Debo confesarte Lucas que, cuando hiciste aquella propuesta subversiva sobre como atacar a la piratería visualicé una gran oportunidad. Me di cuenta de pronto de como podría hacer dinero a costa de Argus. He trabajado para esta empresa durante años y he pasado totalmente desapercibido. Era justo recibir una recompensa, sino voluntariamente, de cualquier forma que estuviera a mi alcance. – Confesó. – Así que diseñé este gusano que invadía cada producto de Argus para obtener los códigos necesarios para engañar a tu Atalaya. Todo habría resultado bien si al viejito no se le hubiera ocurrido proponer su estúpido sistema operativo. Eso no hizo más que complicarme las cosas. Aproveché que formaba parte de tu equipo para adaptarlo a las estructuras internas del subsistema de seguridad en un intento por seguir en el negocio. Pero tú tienes la maldita manía de hacer las cosas perfectas y tu sistema de seguridad contenía rutinas que yo no alcanzaba a comprender del todo; en gran parte, porque tú nunca liberaste algunas partes de código. Así que mi gusano fallaba eventualmente. Afortunadamente, fui el primero en darme cuenta, así que inventé una manera de disfrazarlo y culpar a alguien más, en caso de ser descubierto. Quiso la fortuna que tú fueras el segundo en descubrirlo. A partir de ahí, ya no tuve instante de paz.

Comenzaba a entender. Pero ahí no paraba todo. Sergio continuó: – Cuando tuviste tu revelación, e inventaste Gene/Sys, intuí que eso podría ser un problema, así que saboteé cuando modelo matemático se te ocurría para la red neuronal. – Indicó. – Según tú, Sergio, ¿como podría Gene/Sys convertirse en un problema? – interrumpí. – ¿No te das cuenta? Fuiste el primero en recibir el implante, tu psique se encuentra en el sistema. ¡Eres como un eterno vigilante! Tarde o temprano tu yo virtual descubriría el gusano y trataría de erradicarlo. – ¡Con que eso es! Pensé, cuidando de no delatarme. – ¡Pero basta ya! ¡Ya sabes lo que querías! ¡Ahora tienes que morir! – Dijo, a la vez que disparaba hacia mi pierna. No satisfecho por la herida que me había ocasionado, volvió a disparar, esta vez, hacia mi otra pierna. – ¿Querías ser el Mesías de Argus!? ¡Pues morirás como tal! – Dijo amenazante. – Puedes matarme si con eso te sientes seguro, pero hay algo que tu ignoras. – Dije. – ¿A qué te refieres? – Preguntó, disparando nuevamente hacia mi brazo derecho. – La supercomputadora se encuentra corriendo ahora una simulación con mi yo virtual. Al principio, no entendí lo que estaba haciendo, pero ahora está muy claro para mi. – Afirmé. – ¿Qué quieres decir? – Insistió. – Mi yo virtual está eliminando a tu gusano. Utiliza uno de los primeros modelos que diseñamos. Este modelo había sido desechado por todos los errores que contenía, pero mi yo virtual lo ha reconstruido y mejorado. De hecho, ahora está mejorando el sistema completo y eliminando cada algoritmo que considera dañino para el sistema. – Confesé. – ¡Maldito hijo de perra! – Gruñó. – ¡Ahora sí morirás! – Sentenció. Estaba a punto de jalar el gatillo apuntando hacia mi cabeza cuando la policía entró intempestivamente. Sorprendido, el dirigió el arma hacia su nueva amenaza, pero un policía, al verse encañonado, disparó en defensa propia y lo derribó. Sergio aún trató de disparar, pero otra bala lo alcanzó.

* * *

Había pasado una semana del incidente en Argus. Yo me recuperaba en casa, atendido, cuidado y mimado por Lucy. No sabía que había pasado finalmente con Sergio. Sabía, sin embargo, que todo lo acontecido esa noche había sido registrado y que había quedado completamente exonerado de toda culpa de que se me había imputado.

Había notificado también mi curioso hallazgo sobre la inesperada actividad de mi yo virtual en la red neuronal artificial y se había formado un equipo para investigar el alcance de este novedoso descubrimiento. ¡Era la primera vez que un programa se corregía a sí mismo!

Braulio e Idelfonso llegaron en ese momento. Tome la oportunidad para informarme sobre el estado de Sergio. Lamentablemente, acababa de fallecer. Eso me dolía, a pesar de la manera como habían resultado las cosas, yo consideraba a Sergio un gran amigo. Para mi se trataba de una pérdida muy importante.

Braulio e Idelfonso se disculparon por todo aquello de lo que se me había inculpado. – Nos gustaría mucho tenerte de regreso. – Comenzó a decir Idelfonso – Braulio y yo hemos conversado mucho sobre esto y, con toda honestidad, ambos te queremos de regreso en Argus, como socio y consultor, claro está. – Esta propuesta realmente me sorprendió. – Tendré que pensarlo. – Respondí. – Pero será muy detenidamente. Antes, Lucy y yo nos casaremos -por lo que deseamos invitarlos a nuestra boda-, después tomaremos unas realmente prolongadas vacaciones y tal vez, a nuestro regreso, comience a pensar en su propuesta.

 

F I N

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