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Capítulo 07. Gene/Sys. La expansión de OmniSoft.

Septiembre 30th, 2012 Leave a comment Go to comments

Un año atrás.

Esa mañana me encontraba ocupado revisando los resultados de los últimos planes de pruebas que se habían corrido sobre OmniSoft y Esporadic-OS. Mi extensión comenzó a repiquetear y contesté. Era Braulio. Solicitaba que acudiera a su oficina para una reunión urgente con el comité.

No dijo nada más, sólo que necesitaban mi presencia. Subí y me dirigí a su privado. Una vez que me hube aproximado al umbral de su puerta, toqué con timidez y pedí permiso para entrar. – Pasa Lucas, toma asiento. He pasado la mitad de la mañana explicando al staff tu propuesta y hay un visible interés. Sin embargo, tenemos aún muchas dudas. Me pregunto si podrías explicarnos de nuevo tu idea. Quizás podamos captar algunas de las respuestas que buscamos o, tal vez, surjan nuevas preguntas. – Sugirió. – Por supuesto, caballeros, mi propuesta gira en torno a la posibilidad de alimentar una computadora con la psique de las personas. Actualmente, tenemos una supercomputadora allá abajo, con suficiente poder de cálculo y un vasto banco de memoria que nos ayudaría a volver este proyecto realidad. Por otra parte, la tecnología de software para implementarlo ya está disponible actualmente. Durante los últimos cincuenta o sesenta años, se han creado diversos modelos que persiguen objetivos similares. Quizás sólo debamos crear nuevos modelos matemáticos para hacerlos más semejantes al funcionamiento del cerebro humano. Como referencia, quisiera citar un proyecto desarrollado en el MIT que consiste de un sistema experto alimentado con frases comunes de personalidades como Albert Einstein, que es capaz de sostener una conversación con las personas, dando la impresión de que se dialoga con Einstein mismo. Pero mi propuesta va un paso más allá. Lo que se pretende es capturar los mecanismos de pensamiento de personas vivas mediante un implante en el cerebro cuya función sea la de detectar la actividad cerebral de las personas para ver como es que toman decisiones. – Explicaba. – Pero, ¿es posible esto? – Alguien interrumpió. – Técnicamente hablando, si, lo es. – ¿Cómo se haría? – Preguntó alguien más. – Bueno – comencé – necesitaríamos diseñar un chip capaz de detectar la actividad eléctrica del cerebro bajo un principio similar al de un sonar, para poder identificar el área del cerebro donde tiene lugar la actividad eléctrica. Más específicamente, el chip sería sensible a la energía eléctrica que utilizan las neuronas para enviarse mensajes entre ellas. Los niveles de voltaje son muy pequeños, pero aún así medibles. Ahora bien, el chip debería ser capaz de distinguir las áreas donde dicha actividad ocurre, quizás, diferenciando la intensidad del potencial generado para calcular la distancia, con respecto al chip, donde dicha actividad ha tenido lugar. – ¡Increíble! – Dijo alguien más – ¿De veras podemos hacer eso? – Preguntó la misma persona. – ¿Por qué no? – Respondí. – Algo parecido se hace cuando se obtienen encefalogramas de las personas. – Añadí. – Ahora bien, este chip tendrá otra función adicional. – Continué. – Transmitirá la información recopilada hacia un equipo receptor implementado en una computadora que servirá para entrenar una red neuronal que emule el cerebro de esa persona. Con el tiempo, esta red neuronal artificial será capaz de reproducir los mecanismos de razonamiento de la persona de quien se han tomado los datos y no habrá diferencia entre la personalidad que se monitorea y la red neuronal artificial. Con esta réplica de la psique de esa persona, podríamos crear gemelos virtuales de ella, sincronizados mediante algoritmos para administración de concurrencia, dotando al individuo de la capacidad de omnipresencia. – Expliqué. Las miradas de todos recaían sobre mi persona. Múltiples pares de ojos me miraban desconcertados, como esperando despertar de la ensoñación en la que los había sumergido. – Y ¿se podría revertir el procedimiento? – Otra persona inquirió. – ¡Por supuesto! – Afirmé. – El procedimiento es absolutamente reversible. – Agregué. – ¡Insólito! – Dijo alguien más con mal ocultado asombro. – Estamos hablando de ‘programar’ a las personas. – Otro dijo. – Bueno, si lo quieren ver así. – Afirmé reticentemente. – Pero hay otra visión más positiva del asunto. – Insinué. – Piensen, por ejemplo, en aquellas personas a quienes se les ha extirpado una parte de su cerebro por prescripción médica. Se ha comprobado que, bajo condiciones de rehabilitación, dichos individuos pueden recuperar la mayor parte de su función cerebral mientras el cerebro prácticamente realiza una reprogramación del mismo. Naturalmente muchos de los recuerdos de esas personas desaparecen. Nuestra tecnología podría, no sólo, acelerar su recuperación sino, además, darles la oportunidad de recuperar porciones de su memoria que, de otra forma, habrían perdido para siempre. – Señale. Entre los presentes imperaba el asombro. Esta se había convertido en una propuesta subversiva e innovadora. Podría afirmar que en más de una mente, sino en todas, se escondía el miedo, la fascinación y las posibilidades. – Otra aplicación que se me ocurre – continué – es utilizarla como una herramienta auxiliar de la clonación. – Indiqué. – A pesar de las restricciones éticas y de la controversia que esta tecnología ha generado, es sólo cuestión de tiempo hasta que alguien consiga clonar seres humanos. La limitación de la clonación es que ésta sólo produciría un ser físicamente idéntico al donador de los genes, pero se supone que la copia, el clon, jamás tendría la misma personalidad que el original. – Expliqué. – En lo personal, pienso que esto es obvio. El individuo donador se ha desarrollado cultural e intelectualmente en circunstancias históricas, morales, técnicas . . . completamente diferentes a aquellas en las que tendrá que desarrollarse el clon. Es de esperarse que el clon desarrolle una personalidad diferente a la del donador. – Complemente. Estos individuos, incluido Braulio, habían seguido con evidente interés mi exposición. Estaba seguro de que, ahora, las expectativas económicas estaban siendo ponderadas en sus mentes. – ¡Hagámoslo! – Sugirió Braulio, mientras miraba de reojo a todos haciendo un gesto que expresaba su personal convicción. – ¿Cómo afectaría esto al proyecto? – Preguntó Carlos, interesado en las finanzas. – El plan original puede cumplirse sin que se vea comprometido por mi propuesta. – Afirmé. – Podemos trabajar esta propuesta como un proyecto totalmente nuevo, independiente de Esporadic-OS y OmniSoft, para después ofrecerlo como una ampliación. – Expliqué. – Pero, ¿Cuánto podría costar? – Insistió Carlos. – La verdad, Carlos, por ahora me es imposible darte un estimado, pero consideremos que habrá que desarrollar tecnologías nuevas, como el chip o el nuevo modelo de red neuronal. Otras tecnologías ya las tenemos disponibles. – ¿Quién se hará cargo de este proyecto? – Preguntó de nueva cuenta Carlos, dirigiéndose ahora a Braulio. – Creo que es evidente – dijo Braulio -, como de costumbre, Lucas nos ha hecho emprender una nueva y excitante aventura, ¡Tiene que se él! Sin duda alguna. – Afirmó.

* * *

Once meses atrás.

Había transcurrido poco más de un mes desde la última ocasión en que hablé con Lucy. Ella no había hecho ningún intento por contactarme y yo preferí no molestarla, pero no pude más. Le llamé una noche, sólo para preguntarle como estaba. Ella contestó. Yo sabía que tenía el identificador de llamadas activo y que ella se había dado cuenta de que era yo. Era una ventaja que hubiera aceptado mi llamada. – Hola Lucas. – Dijo ella. – Amor, – dije – te extraño. – No pude decir más. Ella tampoco hablaba, pero ninguno de los dos tomaba la iniciativa de colgar el auricular. Después de un rato escuche sollozos a través de la línea. – No llores chiquita. – le dije. – Sé que no ha sido fácil. – Dije en un intento por consolarla. Ella musitó. – Yo también te extraño. – Y eso fue lo último que le escuché decir. No obstante, permanecí en la línea, escuchando sus sollozos. No sé cuanto tiempo permanecimos así. Al día siguiente, desperté y en la línea se escuchaba simplemente el tono de ocupado.

* * *

De la última reunión que sostuve con el comité surgió el nombre para el nuevo producto de Argus: Gene/Sys. Surgió más como una ingeniosa broma que como un código. Para disfrazarla, hubo quien se atrevió a señalar que la palabra era una contracción de General System, o Sistema General. La idea central giraba en torno a la capacidad de crear gemelos virtuales de las personas, creados a su imagen y semejanza; sin embargo, la decisión por dicho nombre se había visto muy influida por mi mención a la posibilidad de programar clones.

El tiempo seguía su curso y quedaban sólo un par de semanas para que se venciera la fecha de entrega de Esporadic-OS implementado ya a OmniSoft. El tiempo se agotaba y aún se reportaban diversos errores en las pruebas. Yo sabía que la mayoría de éstos eran detalles menores que no tomaría mucho tiempo resolver, pero unos cuantos eran asociados al subsistema de seguridad y eso era grave, por mínima que fuera la incidencia.

Lo curioso es que los errores reportados correspondían a componentes del sistema que ya habían pasado por las mismas pruebas con anterioridad y las habían superado. El error más frecuente parecía ser el mismo que había visto hacía algunos meses, indicando que un recurso no estaba disponible debido a un intento por violar un área protegida de la memoria. Acudí a Sergio y Raúl para preguntarles que había pasado con este mensaje de error. Ambos me juraron que lo habían corregido de inmediato. Sin embargo, el error seguía ahí, aparecía de forma recurrente. – Quizás olvidaron revisar algo. – Insinué. – Puede ser – indicó Sergio -, pero corrimos pruebas exhaustivas y estamos seguros de que lo eliminamos. – Explicó. No tenía elementos para poner en tela de juicio su palabra, pero quise dedicarle un tiempo yo mismo a ese problema. Solicité que me imprimieran un listado del algoritmo correspondiente y me facilitaran los planes de las pruebas que habían corrido.

Tras un minucioso análisis en papel, deduje que las cosas estaban en orden. Así que decidí hacer algunas comprobaciones paso a paso y cargue el programa para examinarlo en ejecución instrucción por instrucción.

Después de varias horas, estaba plenamente convencido de que el problema estaba solucionado. Decidí recompilar ese segmento del programa y lo reinstalé. Corrí el sistema operativo y reproduje una a una las pruebas que se habían hecho. Valga decir que eran más que suficientes. Aún así, inventé nuevas pruebas e intenté de un millón de maneras provocar la aparición del mensaje fútilmente.

En eso estaba, cuando sonó mi celular. De inmediato contesté. Era Lucy. – ¡Lucy! ¡Qué sorpresa! Es una muy bonita sorpresa. – Dije entusiasmado. – ¡Ven ya! ¡Te necesito! – Dijo simplemente. Sobra decir lo que pasó después.

Llegué a su departamento y de inmediato me abrió. No hubo tiempo para las palabras. Un largo beso que se inició desde la puerta, me decía todo lo que necesitaba saber: Que ya nada de cuanto había pasado importaba, que me había perdonado, que no dejó de amarme, que yo sin ella estaba incompleto y desprotegido. Llenamos de caricias nuestros cuerpos. No dejamos centímetro de nuestra piel sin besar. La fuerza de sus brazos me indicaba cuánta falta le había hecho y yo sentía que no era capaz de sobrevivir un día más sin su presencia. Un tornado de amor se desató. Su recámara se convirtió en una zona de desastre que fue avasallada por una incontrolable e incontenible pasión. No recuerdo una vez que haya sido tan feliz como durante esas horas. No recuerdo una vez que mi ser entero la reclamase con tal intensidad. No soy capaz ahora de visualizarme a mí mismo sin ella. Sólo sé que cuanto ocurrió esa noche fue una explosión de deseo, un terremoto de amor, que ni el clímax pudo contener.

Amanecía y la luz solar empezaba a filtrarse a través de la ventana. Lucy y yo permanecíamos abrazados, platicando. Ella me confesó que había luchado intensamente contra sí misma inútilmente. Me dijo que no tenía la menor intención de disculpar mi conducta, pero que después de tanto pensar en la forma en que las cosas había ocurrido, terminó convenciéndose de que ella misma habría actuado igual que yo. Dijo que entendía mi posición y lo difícil que debió ser para mi, pero que no tenía excusa después de todo. Yo le confesé que deliberadamente dejé transcurrir el tiempo esperando que ella, de alguna forma pudiera perdonarme. Le juré que, en adelante, no habría secretos entre los dos.

Pero algo más paso. Esa noche ambos nos dimos cuenta de que no estábamos hechos para estar solos. Ninguno de los dos lo expresamos, pero ambos lo sabíamos y una posibilidad que nunca consideramos antes, comenzó a juguetear en nuestras mentes.

* * *

El plazo había fenecido. El gran día de la liberación de Esporadic-OS al fin había llegado. Se realizó una presentación general ante el cuerpo directivo, pero lo inevitable ocurrió. Ese fastidioso error sin sentido volvió a aparecer, para vergüenza de todos los que habíamos participado en el proyecto. Los cuestionamientos no tardaron en llegar. Lo que debió ser un día de festejo, se convirtió en una masacre de cuestionamientos acerca de la funcionalidad y el desempeño del sistema.

Afortunadamente, Raúl fue capaz de detectar y corregir la falla en unos cuantos minutos y la presentación continuó. Sin embargo, la visión de un sistema robusto y confiable se había empañado con una bruma de suspicacias acerca de su eficiencia. La junta directiva decidió prolongar otro par de semanas la entrega, para realizar pruebas exhaustivas antes de entregarlo al público consumidor.

Horas más tarde, Carlos nos llamó a Idelfonso y a mí a su privado. Como se había acordado en la presentación, las pruebas sobre el sistema continuarían por otro par de semanas. Sin embargo, esta vez me pidió que entregara el proyecto a Idelfonso. Esto fue como sacarse la lotería para él. Pero algo había que aún molestaba a Idelfonso: ¿Quién tomaría la batuta por el nuevo proyecto, Gene/Sys?

Carlos le recordó la decisión que la junta directiva había tomado y reafirmó que yo estaría a cargo. Los reclamos de Idelfonso no se hicieron esperar. Argumentó que a pesar de todas mis promesas, Esporadic-OS aún presentaba fallas. Que no sólo el proyecto no estaba terminado, sino que se había extendido más allá de lo programado, incrementado con ello el costo. Afirmó que él ya lo había visto venir y que lo ocurrido sólo comprobaba que yo no era la elección adecuada para desarrollar proyectos de ésta índole. Yo lo escuchaba en silencio. No quise intervenir. A esas alturas ya nada me sorprendía. Pero no obstante los esfuerzos de Idelfonso por desbancarme, Carlos se mantuvo firme en que yo debía asumir la responsabilidad por el nuevo proyecto. La reunión terminó con dos indicaciones: Idelfonso debía asumir el mando en los proyectos Esporadic-OS y OmniSoft. Yo, por otro lado, debía iniciar el nuevo proyecto.

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