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El Mundo Paralelo de los sueños Rotos – Primer capítulo.

noviembre 17th, 2012

Había una vez un niño llamado George quién vivía con sus padres en uno de los suburbios de la ciudad. George acostumbraba a jugar solo –con su imaginación-, a pesar de que tenía dos hermanos a los cuales les encantaba jugar todo lo que George propusiese; aunque en ocasiones aceptaba jugar cierto tiempo con sus amigos de la escuela y con sus hermanos, con el fin de lograr mantener el equilibrio entre los momentos de soledad y los momentos de compañía, aunque le encantase más, estar solo que acompañado. Cuando estaba solo se dedicaba de tiempo completo a dos cosas: Imaginar las cosas increíbles que deseaba construir en un futuro no tan lejano a su presente y soñar cómo sería su vida cuando lograra ser arquitecto.
El problema no fue que a George le encantara jugar –a diario- con su imaginación, el problema consistió en que, con el transcurrir del tiempo, George fue perdiendo dicho equilibrio y poco a poco fue alejándose de sus amigos y de su familia.

… Pasaron los días, las semanas, los meses y hasta los años –y de pronto-… George ya había dejado de jugar solo; pero seguía estancado en la soledad, misma soledad que lo había llevado a caer en la monotonía de hacer la misma rutina día a día:

Despertar → Cepillarse los dientes → Desayunar → Ir directo al refrigerador → Sacar 3 ó 4 botellas de vodka → Sentarse en el sofá → Esperar a que el día termine.

Él no tenía empleo, por lo que vivía y comida de los intereses del banco que ganaba por el dinero que sus padres le heredaron el día que fallecieron.

A George no le gustaba salir de su casa, no encontraba razones de peso para hacerlo; y solo se dignaba a salir una vez al mes para ir al supermercado a comprar toda la comida que consideraba necesaria para subsistir un mes. Se podía suponer que solamente salía 12 veces al año del –frustrante- mundo que situaba su hogar.

Una mañana como cualquier otra, George, se dirigió directo al refrigerador y notó que le faltaban algo muy importante para acabar un día normal: Vodka… ¡Ya no habían botellas por beber! ¡Se habían agotado! Por lo cual, se vio obligado a cambiar su rutina e incluir en ella el hecho de tener que salir en busca de más “provisiones”.

De camino al supermercado, George se detuvo en medio de la banqueta para observar detenidamente un bulto que se movía entre unas cajas de cartón mojadas y un tanto mohosas que estaban en un esquina; -pero- luego de unos instantes perdió la curiosidad que lo había hecho detenerse y siguió su camino sin perder más tiempo. Luego, cuando volvía de hacer sus compras, pasó por la misma esquina en donde se había detenido y notó la ausencia de las cajas y que –en su lugar-, estaba un muchacho con ropa sucia, con el cabello grasoso y un poco alborotado; George pasó frente al muchacho sin mostrar inquietud alguna. Durante todo el camino a partir de esa esquina, George sentía que alguien lo perseguía pero no tenía valor para voltear y ver qué sucedía.
Al encontrarse ya frente a la puerta de su apartamento, se armó de valor y pudo voltear para ver quién era su acosador… Su sorpresa fue ver que lo perseguía el muchacho de aquella esquina, George –al no sentir miedo alguno- se acercó lentamente para observa más de cerca el rostro y observar esos hermosos ojos color miel los cuales estaban rodeados por un par de mejillas llenas de suciedad y de pecas; lo cual, era extraño para aquel hombre, en vista de que jamás en su vida había visto a una persona de tez levemente morena con pecas en el rostro. Aquellos rasgos nunca pudieron ser borrados de la memoria de George…

Después de estar unos instantes en silencio y a una corta distancia de aquel muchacho se rompe el incómodo silencio con la oración tan breve y concisa del muchacho:

-Tengo hambre, necesito comer… ¡Por favor!-.

Al escuchar esto, George se abstiene de seguir encantado con ese rostro tan peculiar y sin belleza común, diciendo:
-No puedo darte más que un par de monedas- Saca de su bolsillo seis monedas y se las ofrece sosteniéndolas en su mano abierta frente al muchacho- ¿Las deseas? ¡Tómalas y déjame en paz!-. De esa forma tan cortante se despide y deja las monedas sobre el pasamanos de las gradas que conducen a la puerta de su apartamento. Ese día, George –a pesar de que se interesó mucho en el muchacho- decidió ignorar lo ocurrido esa mañana y seguir con su miserable y monótona vida.
Así pasó todo el día, tomando vodka y viendo en la televisión uno de sus programas favoritos… A la mañana siguiente se despertó con la curiosidad de saber qué fue lo que pasó con el muchacho luego de que le obsequió las monedas y de esconderse en su “acogedor” apartamento; por lo que no pudo aguantarse la ansiedad y terminó cediendo a sus deseos,- y- asomando su cabeza por la ventana se sorprendió al ver que el muchacho estaba durmiendo a un costado de las gradas. Una serie de emociones llegaron a él, era excitante para él saber que alguien lo acosaba a plena luz del día y se llenaba al mismo tiempo de tristeza por las condiciones tan precarias en las que se encontraba el joven y, aunque también sentía un gran egoísmo que le impedía ayudarlo, no se podía quedar con los brazos cruzados, había algo en ese muchacho que atraía intensamente a George.

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